Jorge Daniel Sánchez
Chávez
UNO
Steven Buendía
es un joven limeño de diecinueve años. Toca batería desde muy pequeño, sueña
convertirse en estrella de rock, es su mayor sueño, su esperanza, su anhelo.
Estudia periodismo en una conocida universidad de Jesús María especializada
únicamente en ese oficio, en esa carrera. Mantuvo una relación de más de dos
años con una pérfida pero angelical y hermosa chica llamada Karen Rose. Steven
la amó demasiado, estuvo enamorado, ella fue su inspiración, tanto que se
mantuvo virgen para ella. ''Yo quiero que mi primera vez sea con ella'', solía
repetirse a sí mismo. Steven deseaba con todo corazón que Karen fuese la
primera mujer en su vida, pero ella sabía muy bien preservar su honor. Aun así
tuviese que esperarla muchos años, él la esperaría, no la presionaría porque la
amaba con todo el amor que podía ser capaz. Nunca había estado tan enamorado
por una mujer. En fin, Karen Rose fue todo para él.
Fueron muchas
las oportunidades en donde Steven Buendía pudo romper su virginidad, pero por
esperar a su princesa, por cuestiones de lealtad y por respetar la promesa y su
deseo de que sólo Karen se permita ese derecho, declinó sin dudar a todas esas
invitaciones lujuriosas. Lo último que quería era serle infiel a su querida
novia.
Steven Buendía
adoraba a Karen, aunque siempre tuvo presente el miedo o el presagio incierto de
que Karen lo deje algún día, de que Karen se canse de él. Sin embargo, todo fue
al revés, pues el joven Steven fue quien terminó hartándose de ella: las peleas
y los malos momentos lo terminaron por aburrir, terminaron por hacerlo caer en
la certeza de que ella no merece su amor, de que ella no merece ser parte de la
vida de un músico soñador como era él.
Tiempo después y,
como todo se veía venir, Steven finalmente terminó la relación de más de dos años
alejándose totalmente de Karen. No volvió a llamarla, no dio marcha atrás,
estuvo seguro, no se arrepintió.
Una tarde de
noviembre, Steven viajó a Chile con sus padres. Fue un viaje breve que le
sirvió de mucho para mantener la convicción y la seguridad sensata de que su
futuro no estaba en Karen. Claudio López, gran amigo y guitarrista de su banda,
se mostraba de acuerdo con su decisión de alejarse finalmente de Karen, pues
Claudio fue siempre testigo de los malos ratos y las constantes peleas que
Steven mantuvo con Karen; aunque había una sugerencia que Claudio López no
dejaba nunca de lado y solía siempre repetírselo: ''Oye, Steven, ya es hora que
dejes de ser pito. Toda la vida no vas a esperar a Karen, pues''. Ellos
sonreían, Steven repetía que él ya no era virgen, pero Claudio López, muy
seguro de sí mismo y de su vasta experiencia le insistía entre risas: ''Calla
mierda, no seas mentiroso, tú eres pito''. Claudio López, en efecto, tenía
razón: Steven era aún un inmaculado casto.
DOS
Un viernes por la noche, Steven Buendía fue a casa de su amigo y guitarrista de la banda, el ya
mencionado Claudio López, para escribir canciones en compañía, cómo no,
de unos buenos tragos. Por cosa del destino, esa noche de viernes sólo
tomaron una botella de cerveza. No había plata para más. Más tarde, ante la
fuerte insistencia, Claudio López aceptó el pedido de enseñarle a Steven a
conducir a la mañana siguiente. El joven Steven se quedó a dormir en casa de
Claudio con la ilusión de que el sábado por la mañana conduciría un auto. Iba a
ser la primera vez que conduciría un auto, pero no iba a ser su primera vez
sólo para conducir, sino para algo más.
TRES
El sábado a la
mañana Steven Buendía despertó en casa de Claudio López con el espíritu risueño
y jovial, pues sabía que faltaban pocos minutos para aprender a conducir.
Steven salió del
cuarto de huéspedes y fue al cuarto de Claudio para despertarlo. Luego, tomaron
desayuno con la familia de Claudio y finalmente se fueron a conducir.
Claudio al
volante de su auto negro explicándole los métodos teóricos a Steven que
escuchaba atento las explicaciones necesarias.
Llegó el
momento, Steven se puso al volante y empezó a manejar. Era la primera vez que
Steven manejaba, la primera vez que Steven sabía lo que era sentirse manejando.
No se lo podía creer. Para ser primera vez, no lo hizo para nada mal. Condujo
mejor de lo que él mismo esperaba, lo hizo bien para ser su debut al volante.
Fue una buena mañana conduciendo al lado de su amigo Claudio López, pero Steven
todavía no advertía que lo mejor estaba por llegar.
CUATRO
Por la tarde, ya
ubicado en su casa, todavía extasiado y emocionado por su primera clase de
manejo, Steven Buendía miraba la televisión con el entusiasmo de la fiesta que
tenía más tarde con algunos amigos cercanos. Entonces, en el momento menos
esperado, sonó su teléfono. Al responder oyó la voz conocida de una mujer
que lo dejó anonadado, boquiabierto, además de perplejo:
–– Aló,
Steven, soy Ángela, ¿te acuerdas de mí? –– dijo
ella, al otro lado de la línea con una voz sensual y provocadora
que lo hizo temblar.
Tras la
sorpresa, Steven recobró el dominio de su voz y respondió:
–– Hola,
Ángela, qué sorpresa. ¿Cómo has estado?
Hubo un breve
silencio.
–– Bien.
¿Qué planes tienes para más tarde? –– preguntó
ella con tono amigable.
Steven sin
pensarlo, se apresuró en decir amablemente:
––A
la noche, a eso de las nueve tengo una fiesta con mis amigos, ¿por qué?
––Porque
quiero verte –– dijo ella,
sorprendiéndolo.
Steven, muy
sonriente propuso:
––Pero
la fiesta que tengo es recién a las nueve. Ahora son las tres, si gustas nos
podemos ver ahorita.
–– Ya
pues, pero vienes a mi casa. Estoy sola –– respondió
ella.
Steven sintió
entonces un inevitable viento caliente rozando sus piernas. Conocía muy bien la
casa de Ángela, de modo que se entusiasmó con la idea y, sin vacilar, dijo:
–– En
una hora estoy allá. Te timbro cuando esté afuera para que me abras la puerta.
–– Ya,
me timbras –– respondió Ángela. Y con voz cómplice y risueña,
añadió ––: Vienes rápido, no me hagas
esperar que me muero de ganas de verte, Stevencito.
Steven fue corriendo
a la ducha y se bañó de inmediato. Al salir, se puso un jean azul, un polo blanco y zapatillas
negras. Mientras elegía el reloj adecuado, Steven comenzó a recordar cómo había
conocido a Ángela. Eso ocurrió hace muchos años: antes que Steven conozca a
Karen Rose, Ángela fue la amante que él tenía ocasionalmente, se conocieron en
un concierto y ese mismo día se fueron a un rincón a besarse. Desde entonces,
ambos siempre se encontraban y se iban lejos de todos a estar juntos en un
parque. Su amor clandestino duró cerca de seis meses, hasta que Steven conoció
a Karen Rose y desde entonces dejó de verse con Ángela. Sus encuentros
pasionales consistían en besos acalorados y toquecitos que él, mientras elegía
el reloj adecuado, recordaba con mucho cariño.
En el carro,
rumbo a casa de Ángela, Steven recordó entre sonrisas y se dijo a sí
mismo: “Ángela fue la primera flaca que me agarró las huevitos”.
CINCO
A eso de las
cuatro y media, Steven Buendía llegó a casa de Ángela Peña sin ninguna
pincelada de nervios, sólo con la meta y el deseo inevitable de estar junto a
ella. Llegó y se preparó a ejecutar el plan del timbre de teléfono. Ella salió
de inmediato con una sonrisa espléndida. ''Ven, pasa, Steven'', le dijo y
subieron juntos las escaleras. Ángela era medio alta, de nariz puntiaguda y
rasgos finos. Estaba con un short muy corto y un polo negro muy apretado.
Llevaba puestas unas sandalias y su cabello estaba teñido de rojo. Vivía sola
en un cuarto del segundo piso. El cuarto era pequeño pero cómodo: las paredes
estaban pintadas de blanco, las ventanas estaban cerradas y una persiana oscura
ocultaba la luz del sol. Cuando entraron en la habitación, ambos se sentaron a
la cama y, sin imaginar lo que estaba por venir, Steven y Ángela comenzaron a charlar
y a recordar los viejos tiempos, a recordar sus viejos encuentros que ambos
evocaban con mucho deseo. Luego, ella apagó la luz, mientras él planeaba cómo dar el
primer paso. Luego de quince minutos de conversaciones, Steven recibió una
ráfaga de atrevimiento y decidió por fin darle un beso a Ángela, tomándola por
sorpresa. El beso fue correspondido amablemente. Se besaron con la misma pasión
de los años anteriores. Entonces, Steven recorrió con sus manos las áreas
privadas del cuerpo de Ángela que, desde luego, no ponía resistencia, sólo se
dejaba llevar por sus caricias inquietantes y a la vez sosegadas, suaves.
Steven Buendía la terminó de desvestir, le quitó todo. Ella quedó tal y como
vino al mundo. Steven recordó entonces la canción de Ricardo Arjona que siempre
pasó por alto y recién entonces supo su verdadero significado: ''Desnuda que
no habrá diseño que te quede mejor que el de tu piel ajustada a tu
figura''. Steven le vio hasta su alma. Era una figura hermosa, cadera perfecta
y bronceado exacto, lo que lo enloqueció.''Qué tal cuerpazo'', pensó. Ángela
Peña estiró el brazo y con una destreza admirable desató la correa de su novel
amante y lo dejó sólo en boxer. Luego, con notable maestría, le bajó el boxer y
buscó a tientas su animal yacente que acababa de despertar. Lo encontró, jugó
con él, lo probó, lo acarició, hasta lo juzgo. ''No es tan grande pero me
gusta'', dijo ella muerta de risa. Steven se mostraba sereno y tranquilo ante
los inquietantes toques que propinaba Ángela Peña, su amante. Entonces, llegó
el momento de la verdad, Steven se interpuso encima de ella y dio inicio a una
nueva sensación que jamás había sentido. “La concha de la lora ––pensó Steven ––. Ya no soy virgen”.
Steven dio a Ángela
clases maestras, la hizo feliz, le hizo tocar el cielo. El encuentro fue
algo que él nunca imaginó: hacer el amor de una manera formidable que no es
común en un primerizo.
Después del
amor, después de la matanza que duró cerca de veinte minutos, Steven Buendía
y Ángela Peña terminaron echados en la cama. Ella estaba muerta del
cansancio, él no tanto, él quería continuar el acto solemne de las pasiones a
la penumbra. Entonces, sin más preámbulos, él confesó:
––Fue
mi primera vez.
Ángela Peña lo
miró con una altivez, con una incredulidad desafiante y dijo:
––No
me hueveés pe’, Steven. Cómo mierda va a ser tu primera vez.
Steven echó una
carcajada, la miró a los ojos y le insistió:
––Hablo
en serio, ¿por qué no me crees?
Ella no
respondió, lo miró desconfiada, no se tragaba tan fácil el cuento, no le creía
de ninguna manera lo que Steven le acababa de confesar.
–– Es
en serio, es mi primera vez - insistió él.
Ella lo miró, se
tranquilizó y le dijo aún incrédula y sorprendida por la inesperada
confesión:
––Pero
eres un tigre en la cama, no creo que haya sido tu primera vez.
Steven muerto de
risa preguntó:
–– ¿Un
tigre en la cama? Qué buena. Y dime, para ser mi primera vez, ¿te gustó?
––Bueno,
sí me gustó. Ahora espero que vuelvas a buscarme.
No creo que, como ya has tirado, te vayas a coger a cualquier perra que se te
regale en la calle. Espero que vuelvas a buscarme. Entendiste, ¿Steven Buendía?
––Está
bien, Ángela, prometo venir siempre a verte –– respondió. Y con
tono pícaro y travieso, añadió ––: Pero
ahora mi nombre es Steven Buenpolvo. Más respetos con Steven Buenpolvo.
Ella celebró su
ocurrencia con una carcajada que se oyó en toda la habitación aún a oscuras.
Entonces se tomó el valor de confesarle y decirle:
––Bueno,
para ser tu primera vez, eres bueno, Steven Buenpolvo.
Steven, muy
risueño, le pidió que por favor repita lo que dijo hace unos instantes, sobre
lo de tigre en la cama.
––Está
bien, eres un tigre en la cama –– admitió
ella aquello que le provocaba a Steven tanta risa.
Steven Buendía
volvió a acercarse a su furtiva amante, le hizo un giro y susurró al oído: ''Ya
se terminó el descanso''. Empezaron el segundo round de la misma manera: formidable y muy bien ejecutada como en
el memorable primer round de hace
unos instantes. Luego de otros locos veinte minutos, Ángela quedó devastada,
agotada, muy cansada tras la emboscada que le perpetró.
Ángela Peña
abrazó a Steven. Se sintió enamorada o algo así, pero él se alejó. Steven se
mostró asqueado aunque intentó que Ángela no lo pueda notar. Se fue al baño y
no quiso saber nada de ella. Cuando volvió a la cama, se puso sus ropas, agarró
su mochila y se despidió seca y cortantemente de Ángela Peña. Ella no sabía qué
había pasado, no entendía el porqué de la fuga tan extraña de Steven. El reloj
indicaba las ocho y treinta de la noche cuando Steven salió de aquella
casa y se marchó. La única excusa que recibió Ángela fue: ''Tengo que irme, mi
mamá me está llamando. Chau, Ángela, cuídate''.
SEIS
Al salir de casa
de Ángela, Steven recibió un relámpago de lucidez y se dio cuenta entonces de
su mayor fracaso, su mayor tristeza en la vida había revivido: su primera vez
no fue con Karen Rose, su gran amor de dos años y medio.
Ángela Peña fue
la mujer que se llevó el trofeo de su virginidad, cosa que hizo llorar a Steven
camino a casa, pues fue ahí donde entendió que el sexo (a pesar de lo bien que
le fue) es el consuelo del que no tiene a nadie. Se sintió entonces un
fracasado, una escoria. La incertidumbre lo consumía, lo dejó desconsolado
sabiendo que su castidad se la robó una mujer que no era digna de ello.
Entonces,
mientras iba en el carro de regreso a casa, recibió un mensaje de texto
proveniente de Ángela Peña que decía: ''Steven 'BuenPolvo' eres una basura
al dejarme calata e irte como perro. Te odio'''. No le importó lo que
contenía el mensaje, sólo alcanzó a decir en su mente: ''Ándate a la mierda,
perra cabrona''. Luego, recibe otro mensaje de texto de Ángela diciendo: ''Yo
pensaba que valías la pena. Yo siempre estuve enamorada de ti, maldito''.
Entonces, Steven tomó las riendas del asunto y a sabiendas de lo cruel que
estaba siendo, decidió escribirle a Ángela un cáustico mensaje de texto: “El
buen amante nunca se enamora, y menos de ti. Chau”.
Steven se sintió
un miserable, un abyecto desalmado, sabía que no debió escribirle semejante
ofensas a Ángela, pero la furia de su desconsuelo pudo más.
A pesar de haber
sido un tigre en la cama, a pesar de haber sido un buen polvo, un buen amante, su
mayor fracaso fue que Karen Rose no haya sido la primera en su vida.
Más tarde, ya en
su casa alistándose para ir a la fiesta que tenía con sus amigos, Steven
Buendía recobró el sentido y se envolvió en la sábana del consuelo pensando que
con Karen Rose hizo el amor, sin haber hecho el amor. Era una idea extraña.
Creía que para hacer el amor no era necesario el sexo.
––Karen
sí fue la primera en mi vida, Karen fue mi amor de verdad, Ángela el placer ––se dijo, mirándose al espejo.
''Karen y yo
hicimos el amor sin hacer el amor'', trató de consolarse con ideas
inverosímiles. Sin embargo, Karen Rose nunca fue suya, ni podrá ser suya.
Aquel sábado fue el día que Steven condujo por primera vez y tuvo sexo por
primera vez. Pero en realidad fue el día de su mayor fracaso: haberlo hecho con
alguien que no fuera Karen Rose.
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