viernes, 5 de octubre de 2012

LA PRIMERA VEZ DE STEVEN BUENDÍA



Jorge Daniel Sánchez Chávez

UNO

Steven Buendía es un joven limeño de diecinueve años. Toca batería desde muy pequeño, sueña convertirse en estrella de rock, es su mayor sueño, su esperanza, su anhelo. Estudia periodismo en una conocida universidad de Jesús María especializada únicamente en ese oficio, en esa carrera. Mantuvo una relación de más de dos años con una pérfida pero angelical y hermosa chica llamada Karen Rose. Steven la amó demasiado, estuvo enamorado, ella fue su inspiración, tanto que se mantuvo virgen para ella. ''Yo quiero que mi primera vez sea con ella'', solía repetirse a sí mismo. Steven deseaba con todo corazón que Karen fuese la primera mujer en su vida, pero ella sabía muy bien preservar su honor. Aun así tuviese que esperarla muchos años, él la esperaría, no la presionaría porque la amaba con todo el amor que podía ser capaz. Nunca había estado tan enamorado por una mujer. En fin, Karen Rose fue todo para él.
Fueron muchas las oportunidades en donde Steven Buendía pudo romper su virginidad, pero por esperar a su princesa, por cuestiones de lealtad y por respetar la promesa y su deseo de que sólo Karen se permita ese derecho, declinó sin dudar a todas esas invitaciones lujuriosas. Lo último que quería era serle infiel a su querida novia. 

Steven Buendía adoraba a Karen, aunque siempre tuvo presente el miedo o el presagio incierto de que Karen lo deje algún día, de que Karen se canse de él. Sin embargo, todo fue al revés, pues el joven Steven fue quien terminó hartándose de ella: las peleas y los malos momentos lo terminaron por aburrir, terminaron por hacerlo caer en la certeza de que ella no merece su amor, de que ella no merece ser parte de la vida de un músico soñador como era él. 

Tiempo después y, como todo se veía venir, Steven finalmente terminó la relación de más de dos años alejándose totalmente de Karen. No volvió a llamarla, no dio marcha atrás, estuvo seguro, no se arrepintió.
Una tarde de noviembre, Steven viajó a Chile con sus padres. Fue un viaje breve que le sirvió de mucho para mantener la convicción y la seguridad sensata de que su futuro no estaba en Karen. Claudio López, gran amigo y guitarrista de su banda, se mostraba de acuerdo con su decisión de alejarse finalmente de Karen, pues Claudio fue siempre testigo de los malos ratos y las constantes peleas que Steven mantuvo con Karen; aunque había una sugerencia que Claudio López no dejaba nunca de lado y solía siempre repetírselo: ''Oye, Steven, ya es hora que dejes de ser pito. Toda la vida no vas a esperar a Karen, pues''. Ellos sonreían, Steven repetía que él ya no era virgen, pero Claudio López, muy seguro de sí mismo y de su vasta experiencia le insistía entre risas: ''Calla mierda, no seas mentiroso, tú eres pito''. Claudio López, en efecto, tenía razón: Steven era aún un inmaculado casto.

DOS

Un viernes por la noche, Steven Buendía fue a casa de su amigo y guitarrista de la banda, el ya mencionado Claudio López, para escribir canciones en compañía, cómo no,  de unos buenos tragos. Por cosa del destino, esa noche de viernes sólo tomaron una botella de cerveza. No había plata para más. Más tarde, ante la fuerte insistencia, Claudio López aceptó el pedido de enseñarle a Steven a conducir a la mañana siguiente. El joven Steven se quedó a dormir en casa de Claudio con la ilusión de que el sábado por la mañana conduciría un auto. Iba a ser la primera vez que conduciría un auto, pero no iba a ser su primera vez sólo para conducir, sino para algo más.

TRES

El sábado a la mañana Steven Buendía despertó en casa de Claudio López con el espíritu risueño y jovial, pues sabía que faltaban pocos minutos para aprender a conducir.
Steven salió del cuarto de huéspedes y fue al cuarto de Claudio para despertarlo. Luego, tomaron desayuno con la familia de Claudio y finalmente se fueron a conducir.
Claudio al volante de su auto negro explicándole los métodos teóricos a Steven que escuchaba atento las explicaciones necesarias. 
Llegó el momento, Steven se puso al volante y empezó a manejar. Era la primera vez que Steven manejaba, la primera vez que Steven sabía lo que era sentirse manejando. No se lo podía creer. Para ser primera vez, no lo hizo para nada mal. Condujo mejor de lo que él mismo esperaba, lo hizo bien para ser su debut al volante. Fue una buena mañana conduciendo al lado de su amigo Claudio López, pero Steven todavía no advertía que lo mejor estaba por llegar. 

CUATRO

Por la tarde, ya ubicado en su casa, todavía extasiado y emocionado por su primera clase de manejo, Steven Buendía miraba la televisión con el entusiasmo de la fiesta que tenía más tarde con algunos amigos cercanos. Entonces, en el momento menos esperado,  sonó su teléfono. Al responder oyó la voz conocida de una mujer que lo dejó anonadado, boquiabierto, además de perplejo:

–– Aló, Steven, soy Ángela, ¿te acuerdas de mí? –– dijo ella, al  otro lado de la línea con una voz sensual y provocadora  que lo hizo temblar.

Tras la sorpresa, Steven recobró  el dominio de su voz y respondió:

–– Hola, Ángela, qué sorpresa. ¿Cómo has estado?

Hubo un breve silencio.

–– Bien. ¿Qué planes tienes para más tarde? –– preguntó ella con tono amigable.

Steven sin pensarlo, se apresuró en decir amablemente:

––A la noche, a eso de las nueve tengo una fiesta con mis amigos, ¿por qué?

––Porque quiero verte –– dijo ella, sorprendiéndolo.

Steven, muy sonriente propuso: 

––Pero la fiesta que tengo es recién a las nueve. Ahora son las tres, si gustas nos podemos ver ahorita.

–– Ya pues, pero vienes a mi casa. Estoy sola –– respondió ella.

Steven sintió entonces un inevitable viento caliente rozando sus piernas. Conocía muy bien la casa de Ángela, de modo que se entusiasmó con la idea y, sin vacilar, dijo:

–– En una hora estoy allá. Te timbro cuando esté afuera para que me abras la puerta.

–– Ya, me timbras –– respondió Ángela. Y con voz cómplice y risueña, añadió ––: Vienes rápido, no me hagas esperar que me muero de ganas de verte, Stevencito.

Steven fue corriendo a la ducha y  se bañó de inmediato. Al salir, se puso un jean azul, un polo blanco y zapatillas negras. Mientras elegía el reloj adecuado, Steven comenzó a recordar cómo había conocido a Ángela. Eso ocurrió hace muchos años: antes que Steven conozca a Karen Rose, Ángela fue la amante que él tenía ocasionalmente, se conocieron en un concierto y ese mismo día se fueron a un rincón a besarse. Desde entonces, ambos siempre se encontraban y se iban lejos de todos a estar juntos en un parque. Su amor clandestino duró cerca de seis meses, hasta que Steven conoció a Karen Rose y desde entonces dejó de verse con Ángela. Sus encuentros pasionales consistían en besos acalorados y toquecitos que él, mientras elegía el reloj adecuado, recordaba con mucho cariño.
En el carro, rumbo a casa de Ángela, Steven recordó entre sonrisas y se dijo a sí mismo: “Ángela fue la primera flaca que me agarró las huevitos”.

CINCO

A eso de las cuatro y media, Steven Buendía llegó a casa de Ángela Peña sin ninguna pincelada de nervios, sólo con la meta y el deseo inevitable de estar junto a ella. Llegó y se preparó a ejecutar el plan del timbre de teléfono. Ella salió de inmediato con una sonrisa espléndida. ''Ven, pasa, Steven'', le dijo y subieron juntos las escaleras. Ángela era medio alta, de nariz puntiaguda y rasgos finos. Estaba con un short muy corto y un polo negro muy apretado. Llevaba puestas unas sandalias y su cabello estaba teñido de rojo. Vivía sola en un cuarto del segundo piso. El cuarto era pequeño pero cómodo: las paredes estaban pintadas de blanco, las ventanas estaban cerradas y una persiana oscura ocultaba la luz del sol. Cuando entraron en la habitación, ambos se sentaron a la cama y, sin imaginar lo que estaba por venir, Steven y Ángela comenzaron a charlar y a recordar los viejos tiempos, a recordar sus viejos encuentros que ambos evocaban con mucho deseo. Luego, ella apagó la luz, mientras él planeaba cómo dar el primer paso. Luego de quince minutos de conversaciones, Steven recibió una ráfaga de atrevimiento y decidió por fin darle un beso a Ángela, tomándola por sorpresa. El beso fue correspondido amablemente. Se besaron con la misma pasión de los años anteriores. Entonces, Steven recorrió con sus manos las áreas privadas del cuerpo de Ángela que, desde luego, no ponía resistencia, sólo se dejaba llevar por sus caricias inquietantes y a la vez sosegadas, suaves. Steven Buendía la terminó de desvestir, le quitó todo. Ella quedó tal y como vino al mundo. Steven recordó entonces la canción de Ricardo Arjona que siempre pasó por alto y recién entonces supo su verdadero significado: ''Desnuda que no habrá diseño que te quede mejor que el de tu piel ajustada a tu figura''. Steven le vio hasta su alma. Era una figura hermosa, cadera perfecta y bronceado exacto, lo que lo enloqueció.''Qué tal cuerpazo'', pensó. Ángela Peña estiró el brazo y con una destreza admirable desató la correa de su novel amante y lo dejó sólo en boxer. Luego, con notable maestría, le bajó el boxer y buscó a tientas su animal yacente que acababa de despertar. Lo encontró, jugó con él, lo probó, lo acarició, hasta lo juzgo. ''No es tan grande pero me gusta'', dijo ella muerta de risa. Steven se mostraba sereno y tranquilo ante los inquietantes toques que propinaba Ángela Peña, su amante. Entonces, llegó el momento de la verdad, Steven se interpuso encima de ella y dio inicio a una nueva sensación que jamás había sentido. “La concha de la lora ––pensó Steven ––. Ya no soy virgen”.

Steven dio a Ángela clases maestras, la hizo feliz, le hizo tocar el cielo.  El encuentro fue algo que él nunca imaginó: hacer el amor de una manera formidable que no es común en un primerizo. 

Después del amor, después de la matanza que duró cerca de veinte minutos, Steven Buendía  y Ángela Peña terminaron echados en la cama. Ella estaba muerta del cansancio, él no tanto, él quería continuar el acto solemne de las pasiones a la penumbra. Entonces, sin más preámbulos, él confesó:

––Fue mi primera vez.

Ángela Peña lo miró con una altivez, con una incredulidad desafiante y dijo:

––No me hueveés pe’, Steven. Cómo mierda va a ser tu primera vez.

Steven echó una carcajada, la miró a los ojos y le insistió:

––Hablo en serio, ¿por qué no me crees?

Ella no respondió, lo miró desconfiada, no se tragaba tan fácil el cuento, no le creía de ninguna manera lo que Steven le acababa de confesar.

–– Es en serio, es mi primera vez - insistió él.

Ella lo miró, se tranquilizó  y le dijo aún incrédula y sorprendida por la inesperada confesión:

––Pero eres un tigre en la cama, no creo que haya sido tu primera vez.

Steven muerto de risa preguntó:

–– ¿Un tigre en la cama? Qué buena. Y dime, para ser mi primera vez, ¿te gustó?

––Bueno, sí me gustó. Ahora espero que vuelvas a buscarme. No creo que, como ya has tirado, te vayas a coger a cualquier perra que se te regale en la calle. Espero que vuelvas a buscarme. Entendiste, ¿Steven Buendía?
  
––Está bien, Ángela, prometo venir siempre a verte –– respondió. Y con tono pícaro y travieso, añadió ––: Pero ahora mi nombre es Steven Buenpolvo. Más respetos con Steven Buenpolvo.

Ella celebró su ocurrencia con una carcajada que se oyó en toda la habitación aún a oscuras. Entonces se tomó el valor de confesarle y decirle:

––Bueno, para ser tu primera vez,  eres bueno, Steven Buenpolvo.

Steven, muy risueño, le pidió que por favor repita lo que dijo hace unos instantes, sobre lo de tigre en la cama.

––Está bien, eres un tigre en la cama –– admitió ella aquello que le provocaba a Steven tanta risa.

Steven Buendía volvió a acercarse a su furtiva amante, le hizo un giro y susurró al oído: ''Ya se terminó el descanso''. Empezaron el segundo round de la misma manera: formidable y muy bien ejecutada como en el memorable primer round de hace unos instantes. Luego de otros locos veinte minutos, Ángela quedó devastada, agotada, muy cansada  tras la emboscada que le perpetró.
Ángela Peña abrazó a Steven. Se sintió enamorada o algo así, pero él se alejó. Steven se mostró asqueado aunque intentó que Ángela no lo pueda notar. Se fue al baño y no quiso saber nada de ella. Cuando volvió a la cama, se puso sus ropas, agarró su mochila y se despidió seca y cortantemente de Ángela Peña. Ella no sabía qué había pasado, no entendía el porqué de la fuga tan extraña de Steven. El reloj indicaba las ocho y treinta de la noche cuando Steven salió  de aquella casa y se marchó. La única excusa que recibió Ángela fue: ''Tengo que irme, mi mamá me está llamando. Chau, Ángela, cuídate''.

SEIS

Al salir de casa de Ángela, Steven recibió un relámpago de lucidez y se dio cuenta entonces de su mayor fracaso, su mayor tristeza en la vida había revivido: su primera vez no fue con Karen Rose, su gran amor de dos años y medio.
Ángela Peña fue la mujer que se llevó el trofeo de su virginidad, cosa que hizo llorar a Steven camino a casa, pues fue ahí donde entendió que el sexo (a pesar de lo bien que le fue) es el consuelo del que no tiene a nadie. Se sintió entonces un fracasado, una escoria. La incertidumbre lo consumía, lo dejó desconsolado sabiendo que su castidad se la robó una mujer que no era digna de ello.

Entonces, mientras iba en el carro de regreso a casa, recibió un mensaje de texto proveniente de Ángela Peña que decía: ''Steven 'BuenPolvo' eres una basura al dejarme calata e irte como perro. Te odio'''. No le importó lo que contenía el mensaje, sólo alcanzó a decir en su mente: ''Ándate a la mierda, perra cabrona''. Luego, recibe otro mensaje de texto de Ángela diciendo: ''Yo pensaba que valías la pena. Yo siempre estuve enamorada de ti, maldito''. Entonces, Steven tomó las riendas del asunto y a sabiendas de lo cruel que estaba siendo, decidió escribirle a Ángela un cáustico mensaje de texto: “El buen amante nunca se enamora, y menos de ti. Chau”. 

Steven se sintió un miserable, un abyecto desalmado, sabía que no debió escribirle semejante ofensas a Ángela, pero la furia de su desconsuelo pudo más.
A pesar de haber sido un tigre en la cama, a pesar de haber sido un buen polvo, un buen amante, su mayor fracaso fue que Karen Rose no haya sido la primera en su vida.

Más tarde, ya en su casa alistándose para ir a la fiesta que tenía con sus amigos, Steven Buendía recobró el sentido y se envolvió en la sábana del consuelo pensando que con Karen Rose hizo el amor, sin haber hecho el amor. Era una idea extraña. Creía que para hacer el amor no era necesario el sexo.

––Karen sí fue la primera en mi vida, Karen fue mi amor de verdad, Ángela el placer ––se dijo, mirándose al espejo.

''Karen y yo hicimos el amor sin hacer el amor'', trató de consolarse con ideas inverosímiles. Sin embargo, Karen Rose  nunca fue suya, ni podrá ser suya. Aquel sábado fue el día que Steven condujo por primera vez y tuvo sexo por primera vez. Pero en realidad fue el día de su mayor fracaso: haberlo hecho con alguien que no fuera Karen Rose.

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