lunes, 26 de noviembre de 2012

Golpes de Lluvia


Esa noche llovía como nunca en Lima, las calles empapada de agua, y la gente con paraguas era uno de los espectáculos más utópicos que se podría encontrar en la capital. Pero Claudio Bardales nunca se entero de eso, tenía mejores cosas que hacer que ver un poco de agua, hoy peleaba por el campeonato nacional de boxeo.

Claudio, es un tipo que si lo ves por primera vez te puede asustar, su rostro duro y con algunas secuelas de sus peleas como moretones y hematomas, sus ojos que cuando te miran te transmiten odio puro, además que medir 1.90 ayuda para ahuyentar a cualquiera. Pero cuando lo tratas, es totalmente distinto, es como si él te tuviera miedo, súper tímido pero con una sonrisa siempre lista, confiado como ninguno algunos, lo llamarían ingenuo.

-¿Listo para tu pelea Claudio?, ¿Tienes algún dolor o algo?

-No te preocupes Pepe, estoy bien, pero eso sí, hoy celebramos en mi casa, ¿qué te parece?

-Tranquilo campeón, aun no has peleado y ya quieres tomar carajo.

-Déjame pues, además me debes la ultima caja así que no hagas el loco, ahora déjame solo que quiero concentrarme

Pepe, era su manager, un tipo sin escrúpulos, arrogante y ambicioso,  que aprovechando su buen manejo de la palabra convenció a Claudio para que sea su peleador. Le prometió llevarlo a la pelea por el campeonato, siempre y cuando hiciera lo que le decía y le de gran parte de las ganancias de sus peleas.

-Claudio, es hora. Tu campeonato te espera. –Se dijo a si mismo Claudio-

Cuando llegaron al ring, que estaba rodeada de una cantidad de gente impresionante, se dieron cuenta de la importancia de esa pelea. Claudio “Puño de Acero” Bardales fue recibido con una ovación que no lo hizo escuchar nada de lo que su manager le decía, así que solo atino a asentir con la cabeza. Claudio lo noto más impaciente de lo normal, sudaba y tenía los ojos como de asustado.

-Debe estar preocupado de que pierda la final. No puedo decepcionarlo. –Pensó-

Nadie iba a imaginar la leyenda que nacería ese día, Claudio “Puño de Acero” Bardales venció a su rival en 10 segundos por nocaut. Todo era celebración en la casa de Claudio, cajas de cervezas por todos lados, un gentío bailando al son de salsa y Claudio en el centro de la fiesta, en su trono hecho de cajas de cerveza, donde colgaba su titulo.

-Amor, ¿No ha venido Pepe no? –Pregunto a su esposa-

-No, Claudio, pero mejor, sabes que nunca me cayó bien, además aquí están tus verdaderos amigos, disfruta tu fiesta.

Claro, Pepe no iba a ir nunca a su casa, aun más después de que gano. El sabía lo que ocurriría ese día o por lo menos tenía alguna certeza. Después de la pelea Pepe se fue a su casa, oculto todas sus cosas más importantes, las metió a una maleta y salió de su casa como un rayo, en medio de la lluvia limeña. Tomo un taxi, y se dirigió al terminal de buses.

-Carajo, si no me voy soy hombre muerto, pobre Claudio lo van a matar, y tal vez a su familia, lo bueno es que como gano, tengo su plata y eso me ayudara en mi escape, ahora que lo pienso, ¿Pobre Claudio?, que se joda el idiota ese, mi vida es más importante. – Se dijo pensando en el taxi rumbo al terminal.

Siete días antes, de la gran pelea a Pepe lo visitaron en su casa, dos tipos con pinta delincuentes, le dijeron que un tal “Señor Rivera” le quería hablar de negocios. La palabra negocio fue la carnada perfecta para atrapar a Pepe. Cuando se reunió con Rivera, que era una persona de “negocios” relacionados al box (usando sus palabras) y de origen mexicano, este le dijo que admiraba mucho a su peleador Bardales, y que Claudio le había hecho ganar mucho dinero, pero que aún faltaba el gran golpe.

El gran golpe consistía en que Claudio dominara la lucha toda la noche, hasta el quinto round, donde tendría que forzarse a perder, para que el señor rivera recoja el gran botín de apostarle 1000 a 1 al rival de Claudio. El señor Rivera le dijo a Pepe, que si pasaba esto, el recibiría una parte de las ganancias de este botín, pero que si no sucedía, sería la última pelea de Claudio Bardales.

-Bueno, aquí es la casa jefe, ¿procedemos?

-Procedan, pero ya saben que parezca un robo, tal vez pueda recuperar parte de mi dinero.

Mientras Pepe, abordaba el bus que le salvaría la vida, en casa de Claudio todo era sangre. 14 personas muertas entre las que se encontraba el recién coronado campeón de boxeo nacional, Claudio “Puño de Acero” Bardales, que con su último aliento, pudo ver por una ventana como llovía extrañamente en Lima, y pensó en la noche que se perdió.


Por: Ricardo Mariño Reyes

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