Esa noche llovía como nunca en Lima, las calles empapada de
agua, y la gente con paraguas era uno de los espectáculos más utópicos que se podría
encontrar en la capital. Pero Claudio Bardales nunca se entero de eso, tenía mejores
cosas que hacer que ver un poco de agua, hoy peleaba por el campeonato nacional
de boxeo.
Claudio, es un tipo que si lo ves por primera vez te puede
asustar, su rostro duro y con algunas secuelas de sus peleas como moretones y hematomas,
sus ojos que cuando te miran te transmiten odio puro, además que medir 1.90 ayuda
para ahuyentar a cualquiera. Pero cuando lo tratas, es totalmente distinto, es
como si él te tuviera miedo, súper tímido pero con una sonrisa siempre lista,
confiado como ninguno algunos, lo llamarían ingenuo.
-¿Listo para tu pelea Claudio?,
¿Tienes algún dolor o algo?
-No te preocupes Pepe, estoy
bien, pero eso sí, hoy celebramos en mi casa, ¿qué te parece?
-Tranquilo campeón, aun no has
peleado y ya quieres tomar carajo.
-Déjame pues, además me debes la
ultima caja así que no hagas el loco, ahora déjame solo que quiero concentrarme
Pepe, era su manager, un tipo sin escrúpulos, arrogante y
ambicioso, que aprovechando su buen
manejo de la palabra convenció a Claudio para que sea su peleador. Le prometió llevarlo
a la pelea por el campeonato, siempre y cuando hiciera lo que le decía y le de
gran parte de las ganancias de sus peleas.
-Claudio, es hora. Tu campeonato
te espera. –Se dijo a si mismo Claudio-
Cuando llegaron al ring, que estaba rodeada de una cantidad
de gente impresionante, se dieron cuenta de la importancia de esa pelea. Claudio
“Puño de Acero” Bardales fue recibido con una ovación que no lo hizo escuchar
nada de lo que su manager le decía, así que solo atino a asentir con la cabeza.
Claudio lo noto más impaciente de lo normal, sudaba y tenía los ojos como de
asustado.
-Debe estar preocupado de que
pierda la final. No puedo decepcionarlo. –Pensó-
Nadie iba a imaginar la leyenda que nacería ese día, Claudio
“Puño de Acero” Bardales venció a su rival en 10 segundos por nocaut. Todo era celebración
en la casa de Claudio, cajas de cervezas por todos lados, un gentío bailando al
son de salsa y Claudio en el centro de la fiesta, en su trono hecho de cajas de
cerveza, donde colgaba su titulo.
-Amor, ¿No ha venido Pepe no? –Pregunto
a su esposa-
-No, Claudio, pero mejor, sabes
que nunca me cayó bien, además aquí están tus verdaderos amigos, disfruta tu
fiesta.
Claro, Pepe no iba a ir nunca a su casa, aun más después de
que gano. El sabía lo que ocurriría ese día o por lo menos tenía alguna
certeza. Después de la pelea Pepe se fue a su casa, oculto todas sus cosas más
importantes, las metió a una maleta y salió de su casa como un rayo, en medio
de la lluvia limeña. Tomo un taxi, y se dirigió al terminal de buses.
-Carajo, si no me voy soy hombre
muerto, pobre Claudio lo van a matar, y tal vez a su familia, lo bueno es que
como gano, tengo su plata y eso me ayudara en mi escape, ahora que lo pienso,
¿Pobre Claudio?, que se joda el idiota ese, mi vida es más importante. – Se dijo
pensando en el taxi rumbo al terminal.
Siete días antes, de la gran pelea a Pepe lo visitaron en su
casa, dos tipos con pinta delincuentes, le dijeron que un tal “Señor Rivera” le
quería hablar de negocios. La palabra negocio fue la carnada perfecta para
atrapar a Pepe. Cuando se reunió con Rivera, que era una persona de “negocios”
relacionados al box (usando sus palabras) y de origen mexicano, este le dijo que
admiraba mucho a su peleador Bardales, y que Claudio le había hecho ganar mucho
dinero, pero que aún faltaba el gran golpe.
El gran golpe consistía en que Claudio dominara la lucha
toda la noche, hasta el quinto round, donde tendría que forzarse a perder, para
que el señor rivera recoja el gran botín de apostarle 1000 a 1 al rival de
Claudio. El señor Rivera le dijo a Pepe, que si pasaba esto, el recibiría una
parte de las ganancias de este botín, pero que si no sucedía, sería la última
pelea de Claudio Bardales.
-Bueno, aquí es la casa jefe, ¿procedemos?
-Procedan, pero ya saben que parezca
un robo, tal vez pueda recuperar parte de mi dinero.
Mientras Pepe, abordaba el bus que le salvaría la vida, en
casa de Claudio todo era sangre. 14 personas muertas entre las que se
encontraba el recién coronado campeón de boxeo nacional, Claudio “Puño de Acero”
Bardales, que con su último aliento, pudo ver por una ventana como llovía
extrañamente en Lima, y pensó en la noche que se perdió.
Por: Ricardo Mariño Reyes
Por: Ricardo Mariño Reyes
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